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Jorge encontró ayer esta tarjeta, revolviendo un cajón del mueble de la Virgen. Es una lista de encargos de cuando los grandes eran chicos y cuando los chicos no existían. En agosto del 87 Carlos tenía dos años y poco. Se ve que éramos unos padres audaces porque le encargamos de traer el azucarero. ¡Al gordo!, que siempre tiraba algo al piso o sobre la mesa con un mantel recién puesto o encima de la camisa del colegio a la hora del desayuno (en general Lactolate, y luego la temida ballerina por el morro, agua en abundancia y si era necesario una plancha bastante caliente "in place"). La nave espacial que tenía que guardar Nacho era un juguete muy apreciado. El operativo imagino que incluiría a otros Play Móbil que estuvieran por allí. Algo debe tener que ver con su conocida vocación de astronauta, por ahora en lista de espera en la Nasa.
Me gusta también el encargo para Martín de guardar chupetes. Era todo un tema. Siempre comprándolos y siempre perdiéndolos. Y cuando un bebe tenía hambre o estaba un poco fastidioso nunca aparecían.

Nos gustó mucho que Jorge encontrara esta tarjeta amarillenta. De puño y letra, cuando todavía escribía, que hoy hasta las recetas médicas son a computadora y no se hubiera salvado esta lista . Pero además con agradecimiento a los que nos enseñaron los primeros cursos de Orientación Familiar.
Hoy al mediodía, mientras mirábamos la tarjeta, se discutió entre los que estábamos, si los más chicos también habían tenido las suyas. Que sí, que no, que sobre todo el más chico nada de nada... Pienso que es verdad, no ha habido listas para los más chicos. Lo cual no quiere decir que no haya habido encargos. Y que no los hayan cumplido.
Y también es cierto que para los más chicos, también ayudaron los más grandes. Con el ejemplo, con palabras y en algún caso, cuando hizo falta, con algún incentivo y pocas sutilezas.
Gracias chicos y grandes!

Este artículo lo tenía atrasado desde hace tiempo. En realidad esperando la foto de los otros abuelos de la tribu. Pero decidí que la añadiré cuando la tenga y no esperar más. Mientras tanto pongo estas fotos "que derrochan glamour" . 

Ayer Macarena defendió su tesis y se graduó como Licenciada en Estudios Internacionales por la O.R.T. (pinchar acá).
¡Ya no le quedan argumentos a Ricardo! Este es el año de ustedes.
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Otro de los preferidos de varias generaciones de aquí y de allá. Para animarles a regalarlo a niños y no tanto.
(Actualizamos esta historia tan emotiva, con una foto del niño y su mascota al día de hoy, durante una visita al Campo Chico)
ro hoy les voy a contar una anécdota, especialmente divertida, para que no me la roben los asaltantes de ideas y anécdotas. ¡Qué los hay!
enta los daños del importante mobiliario perdido.
pequeño adminículo al ómnibus y lo llevó al Sauce.
ián.

Harold Abrahams y Eric Liddell son dos atletas extraordinarios, uno judío y otro cristiano, que han nacido para correr. Pero ambos tienen objetivos diferentes, familia e ideas distintas, aunque tanto uno como el otro quieren competir en las Olimpiadas de Colombes, 1924 y ser los mejores. Admirable resulta el afán de superación de los muchachos, uno que se lo dedica a Dios y el otro que se lo toma como un orgulloso reto personal, para asegurarse su plaza en la Universidad de Cambridge.
Para animarlos a verla de nuevo. Y de premio para Jorge, que está empezando a correr "en serio".
La banda sonora de Vangelis, como diría Carloncho, sin palabras.
The von Trapp children singing "so long, farewell" to the guests.
Conocemos esta película con el nombre de "La novicia rebelde", "The sound of music" en el original. Con una joven y encantadora Julie Andrews, que se esconde en este fragmento detrás de la columna. Para el mejor de los recuerdos de todos. También de los más chicos, que siguen cantando en el colegio Do-re-mi y otras. Y con una mención especial para Felipe Trapp, que estuvo por acá hace un par de días. Aunque no estoy seguro de que cante tan bien como juega al rugby.
Para ver la letra de la canción pincharacá
Recién llegado Joseto de Cume-có, nos cuenta que estuvo con José Cannata. Es el autor de este try espectacular de Teqüe contra Maristas, partido jugado en abril del año pasado. Fíjense que el jugador sale de atrás del in-goal , toma la pelota -que viene baja- y sigue corriendo hasta apoyar detrás de la línea contraria. Lo tacklean, se levanta, sigue corriendo, amaga un pase, cambia de paso, vuelve a picar agrandando la zancada... Como aparece al final del video, shhhh!
Con esta canción de cuna de Brahms, cantada aquí por Celine Dion, fuimos acunados varias generaciones de "siuvers". Da gusto volver a escucharla mirando la colección de fotografías que ofrece este video.
Majo: en todo caso, la puedes grabar y mover la boca como si fueras tu la que cantas. Seguro que Majito, Santi, Martín y Sofi, del asombro, se duermen.



Lo subí hoy a "Familia en construcción" (pincharacá). Lo enlazo para que los siuvers y nuestros amigos lo disfruten. Además como reconocimiento a mamá, que fue la que me recordó de ponerlo y a María Inés, gran admiradora de la película, que como es costumbre, en casa se vio más de una vez. Es que siempre queda alguien que por A o por B la dejó por la mitad, y otro que llegó tarde... en fin, c´est la vie! Pienso que el tío Juan Pedro se sentirá más identificado con Donald Sutherland (ji,ji,ji) Además, este actorazo (Ha llegado el águila) nos recuerda a nuestro representante en Irlanda. ¿Sabían que se está por ir a Seattle por un tiempito? Ampliaremos.
Como en este vecindario somos muchos los papás y las mamás que nos divertimos, rescaté este video clip de Sprite. Está bien logrado, da para pensar y aconsejo que lo veamos junto con una conferencia estupenda del Dr. Emilio Calatayud Pérez recogida en Un colegio inolvidable (pinchar acá) En el original de you-tube lo titularon "extremos".
A propósito de un artículo en nuestro blog amigo mis jefes llevan chupete recordé este libro, "La leyenda de Boni Martín”, escrito por Jose Luis Olaizola con ilustraciones de Gerardo Amechazurra. Es de la colección “El duende verde”, de la editorial Anaya. Está recomendado para niños a partir de 8 años, y nunca mejor dicho “a partir”, porque yo he disfrutado mucho leyéndolo.