Antes que nada agradecer a pensarporlibre que me dio la idea. Pero además de pasar unos minutos divertidos, agradecer a las babysitter (o canguros, como dicen en la película) que pasaron por casa tantas veces. No las voy a nombrar porque temo olvidarme de alguna y sería una injusticia. Pero sí debo nombrar a Coca, santa Coca, como le decía la tía Mónica. Los más grandes de la siuver III seguro que recuerdan a esta mujer excepcional, que tanto nos ayudó a pesar de sus años. Era la segunda esposa de mi abuelo materno, viudo de la primera, Nonna. ¡Cuántas correrías no hubieran sido posibles en aquellos años sin Coca! ¡Cuántos Irefas!